¡LA VIDA es una mierda!

No habla el frustrado, tampoco el depresivo.
Ese fue el grito de Arquímedes, la verdadera intuición, ¡LA VIDA es una mierda! ¡Nos vamos a morir! El que intuya esto será casi espacio y tiempo, será casi simultaneidad, casi libertad.




lunes, 27 de julio de 2009

Una reflexión inútil

Cuando se nombra la molécua fundamental de alguna especie vegetal se le da el nombre de esta y se le agrega una terminación "ina", algo así como aludiendo a algo proteico, a algo de la estructura fundamental: cafeína, mateína, teína, etc.
La rutina es la palabra inventada para aludir a la estructura fundamental del día; viene de ruta, de estaciones sucesivas. Es imposible pensar la rutina más allá o más acá del día. Uno podría pensar en la rutina semanal, pero no, no existe tal posibilidad; hablamos de una gestualidad y una secuencia estricta, y eso, tomado más allá del día, se esfuma (solo queda la visión separadora de actividad y ocio). La rutina habla del pueblo que sí o sí tenés que pasar para poder luego pasar por otro y llegar así al sobre nocturno. Tampoco se puede pensar la rutina en la hora, como si alguien creyese poder encarar cada hora de su vida rutinariamente. Mucho menos los minutos y así.
La rutina aplicada a otra función o práctica es valorada positivamente, como la rutina diaria de entrenamiento de un deportista o de estudio de un músico. La rutina aislada se califica negativamente y transforma en sustancia al ser; rutinario e infructuoso.
En definitiva, todo lenguaje es ua tautología.

jueves, 23 de julio de 2009

La cámara como transformación simbólica

Una reflexión a propósito del "escándalo" entre el periodista de CQC (Gonzalito) y el intendente de El Bolsón (Romera)

Imaginemos que vos, yo o cualquier chambón va al negocio de una persona sospechada (repito, sospechada) de haber incurrido en una ilegalidad que perjudica a varias personas. Una vez cara a cara con este sujeto empezamos a hacernos los cancheros soltando ironías frente a lo que este comerciante se ve acusado (aclaro, enterado de lo que se rumorea pero siendo solamente eso, lo cual puede predisponerlo fácilmente al enojo, puesto que una falsa acusación da más bronca que una verdadera; igualmente, a esto no le hagan caso). ¿Qué puede pasar? Te caga a palos. Yo le lleno la cara de guantes a quien se me haga el vivo en una circunstancia como esta, y vos tambien.
Resulta que va un periodista, supuestamente a poner al conocimiento de "la gente" una información que permanece oculta, pero que en reaidad, su única intención es demostrar "la barbarie" del gobernante, los exabruptos y la agresividad. Todo porque hay una cámara.
¿Qué significa la presencia de una cámara? ¿Qué significa una acción que no trasciende mediáticamente y qué significa la misma acción cuando trasciende? En un caso es la barbarie y en el otro, la justicia o lo justo (la respuesta que pone las cosas en su lugar ante el irrespetuoso que se las da de vvivo). (¿Qué sociedad quieren aquellos que hablan de las formas, de la moralidad? ¿Quieren que sucedan este tipo de cosas para ganar votos ante la creación de conciencias colectivas "anti-malos-modales-o malas-costumbres"? ¿O quieren sociedades que hablen con "la verdad" y digan qué pasó con las deudas de algunas empresas o los hijos adoptados de tal o cual? ¿Quieren un periodista que genere el escándalo que "viola" el vacío e insustancialidad de las formas morales o quieren un perodista que vaya a dar la información oculta (de todos, claro)? De todos modos, el apriete mediático de los 90 no sirvió para otra cosa más que para el nacimiento de la indignación de clase media y el ocultamiento de las verdaderas trasnformaciones económica de la estructura laboral del país.)
De esto no hago una valoración moral solamente hago hincapié en la función de la cámara, en cómo transforma, al estar presente, un hecho, que si estuviese ausente, tomaría otra connotación.

martes, 21 de julio de 2009

La tentación del contento (ensaladas etimológicas)

Tentación es descontrol. Contento es contenido. ¿Des es opuesto o ausencia? El que está contento no está tentado, no se desborda y pareciera que dicho concepto alude al equilibrio perfecto del espíritu; estado placentero de equilibrio y, por lo tanto, perdurable: tiempo. ¡Pero el contento está contenido! y tiene toda la potencialidad para desbordarse. Desvergonzado es el sinverguenza que está. ¿Al revés, no? Desvergonzado está el sinverguenza que es. No se. Desvergonzarse si, sinverguenzarse no. El des es movimiento. La ausencia por definición no puede valorarse, por ejemplo, ventura, aventura, desventura. El "des" no es ausencia. Agregar y desagregar lo gregario. Pensemos esto: gregario y agregario; gregario y desagregario. No. El des es movimiento y el con un cerco.
¿Pero qué es primero, tentarse o contentarse? Pareciera que tentarse es anterior a con-tentarse, me refiero a la construcción del significante. El con se antepone a algo ya existente, ¿¡¡ Pero cómo puede ser que alguien se tiente y se desborde en ausencia de un estado previo de cercamiento!!!?(¡) Evidentemente contentarse, tentarse y descontentarse son cosas que poco tienen que ver entre si. El tentarse es una violación a la compostura social y la represión de una situación externa. El contentarse es como el atrapamiento de un pedo, es interno. El descontentarse no es volver al estado basal sino un proceso que lleva al conenojo. Si si si.

martes, 14 de julio de 2009

Nuestra prensa destituyente

"Argentina es el segundo país con más víctimas fatales por el virus A H1N" (Crítica)

"Aguante el modelo: el patrimonio de los Kirchner creció 158% en un año" (Crítica)




"Los K quieren consenso para que nada cambie" (Crítica)

"Tras sufrir un robo en su casa, una familia alemana decidió volver a su país" (Clarín)




Esta es la idea y te da risa, pero debería dar furia contra los medios cada vez que la prensa publica este tipo de "noticias"

lunes, 13 de julio de 2009

Nota de Horacio González (página 12)

Países serios

Por Horacio González *

Confieso que una extraña picazón sobreviene cuando veo la foto de Lula entregándole a Obama la camiseta número 5 de la selección de Brasil, firmada por todos sus jugadores. ¿Quién no quisiera ese trofeo que encarna los máximos fetichismos contemporáneos? Entre presidentes, mayor intimidad que ésa, difícil lograr. Allí están el sudor, las lágrimas y el temblor emotivo de los pueblos. En materia de ofrendas, ninguna sería superior a esos regios talismanes. Regalar la camisa “canarinho” en vez de alguna cerámica de los pueblos antiguos del depredado Amazonas o las obras completas de Drummond de Andrade. Tudo bem. No me quejo ni esgrimo una letanía intelectualoide. La Argentina está lejos de poder construir esa imagen primorosa, tipo G-8, tutéandose con Sarkozy, la Merkel y felicitándose con Obama por la correcta intervención de la OEA en el tema Honduras. La Argentina se molestó en viajar hasta allí, pobre, con el avioncito pizpireto, de un lado para otro, transpirando la camiseta para nada, mientras la acción de verdad consistía en la que hacían los “países serios”, mirando densas pantallas en las cancillerías expertas y dando órdenes remotas de negociación. Nada de ofrecer conferencias ineficientes en distantes parajes junto a un presidente depuesto que lucía un extraño sombrero panamá de alas anchas. ¡Ay, las erráticas militancias!

No se precisa mayor imaginación para recrear lo que deberían decir –mirando a cámara– nuestros comunicadores sociales. He aquí algunas versiones sobre la entrega de la camiseta de la selección brasileña por parte del juicioso obrero Lula al doctor en leyes de Yale, Mister Obama. Diría Nelson Castro: “Con gran sentido de la circunspección, Lula ofrendó a su aliado una novedosa panoplia, propia de los gobiernos maduros: un ejemplo a imitar, señora Presidenta”. Diría Morales Solá: “En la vida de las naciones hay gestos de decoro en cuyo espejo conviene mirarse, mientras nosotros demoramos quién sabe para cuándo las firmas de nuestra camiseta”. Diría Teté Coustarot: “¿Tanto costaba darse cuenta que había que agarrar el fibrón para que firmen nuestros jugadores mientras perdíamos tiempo por allí, metiéndonos en honduras, bien lejos de los poderes más sobrios del mundo?”. Diría Van der Kooy: “Los símbolos de un país que no improvisa, Brasil juega con la geopolítica del fútbol pero con el famoso Itamaraty moviendo sin aspavientos los hilos invisibles de la política latinoamericana: así proceden las naciones atinadas”. Diría Fontevecchia: “Lula tiene la Fortuna de Petrobras, las Caras del Seleccionado Nacional, las Noticias del Brasil potencia y el Perfil del país razonable”. Diría Eliaschev: “Todo el mundo se ríe de una republiqueta que sobreactúa el tamaño de sus entrometidas narices, mientras Obama fraterniza con un presidente que es un verdadero estratega aun cuando habla sobre Ronaldinho”. Diría Grondona: “Un conmovedor tema aristotélico-tomista, el fútbol como diplomacia comunitaria en la ciudad terrenal, sin populismo ni estatismo”. Diría Jorge Asís: “El gobierno argentino, profesorrr Grondona, sólo puede firmar una camiseta descascarada con los santos óleos de su hecatombe”.

Sí, claro que he inventado estas opiniones, escuetas ironías, inocencias que los triunfadores de las jornadas electorales sabrán dispensar. Pero creo que retratan lo que de alguna manera se ha dicho o puede decirse. Luego de la grave derrota electoral, el Gobierno es atacado con toda clase de argumentos, que tienen una ubicuidad sorprendente y el nítido deseo de la extremaunción. Si la Presidenta viaja a Honduras, debería estar acá; si está acá, es culpable de no atender debidamente la epidemia; si no hace autocrítica, está despojada de toda noción de diálogo, y si llama al diálogo, se olvida de decir cuándo, con quién, por qué y sobre todo admitir que dialogar significa aceptar los pliegos completos de la rendición.

El Gobierno está cercado, perdió severamente en las palabras aunque no necesariamente en los números. Pero sobre éstos, debe computar votos que no son propios ni les serán amigables en un futuro cercano. Al mismo tiempo, ensaya cambios difíciles, in extremis. Gambeteando de apuro, convoca currículas y biografías que restan disponibles. Seguramente tratará de alimentar con ciertas piezas a los glotones que dando órdenes por teleconferencia, en griterío de compadres, transitan con sus carros victoriosos. Deberá hacerlo, pero con razones que surjan de su autorreflexión, pues la hora de infortunio obliga a la novedad que a nada ni a nadie exime de una mayor imaginación política.

¿Seriedad? Ninguna medida desesperada libera el imperativo de invocarla. Pero la seriedad no es la supresión del compromiso explícita e implícitamente adquirido, ni el fatalismo, alojado en toda propuesta política, de refugiarse en las cisternas preexistentes. En esas inertes maquinarias políticas heredadas que se complacen de su propio sarro. Llámense justicialismo, radicalismo, cívicos, republicanos, duranbarbistas, con sus variaciones, entremezclas y complementos. Política maquínica. De personal entrenado, algunos por semiólogos de vanguardia, fabricantes de cotillón serio, llamando seriedad a la presentación con nuevos sortilegios de los poderes arcaicos, tradicionales, jerárquicos, pero que supieron aplebeyarse, masificarse.

¡Qué zoncera jauretcheana esta Argentina que desea ingresar al estatuto de “nación seria” omitiendo o anulando las pocas pero necesarias reconstrucciones de lo público y lo estatal del último período! ¿Es serio poner grilletes en las medidas más interesantes en torno de las estatizaciones? ¿O quebrar la atmósfera política de relación con los aires azarosos y sorprendentes de este momento histórico? Y digo, aún, con notorios errores, muchas veces incomprensibles, que tan caro cuestan y que urge resolver, en una oscura sociedad que se complace en armar cadalsos cotidianos al compás del tamboril.

Los que promueven el slogan del país serio, tranquilo, sin convulsiones, han protagonizado la mayor empresa de demolición simbólica de las últimas décadas: erigieron demencias frente suyo y hasta algunos parecían hacerlo sembrando cartillas de izquierda social. Nadie se aterroriza por ello. No hay recelo, todo está coordinado por los locutores de los horarios nocturnos que pasmaban audiencias acusando de crispación. Grave improperio. ¡Cómo les sirvió esta palabra! En el inocente latín “crispación” apenas aludía a los cabellos rizados. Ahora se le agregan antiejemplos de estadistas nunca crispados. “Como Bachelet”. “Como Lula”. A los campeones de la lid ya los vemos trazar una línea, materia estrictamente grondoniana, entre los serios y los no serios.

Es una fuerza delimitadora entre lo celestial y lo licencioso. En el primer pelotón están todos, menos los réprobos derrotados. Y en el séptimo círculo dantesco habita ya el Dr. Kirchner y sus malditas huestes, con su otro yo, el del Doctor Caligari, que lanza jarrones contra la pared en el piso más alto de un hotel y lo persiguen con palos los ciudadanos expulsándolo de la ciudad mientras lo abandonan los intendentes que por fin retornan al peronismo serio, del segundo cordón serio, del país serio, del continente serio, del asistencialismo serio, del narvaísmo serio. Por fin se deshicieron del loco.

El Gobierno empleó la idea de “capitalismo serio”, en verdad, un neodesarrollismo no siempre bien explicitado. Es que la expresión que se esgrimió numerosas veces no conviene exactamente a lo que hay que desplegar. Ni convencía a los que se consideran serios por poseer poderes, decisiones y pértigas adecuadas para ello, ni entusiasmaba a quienes deseaban moverse en el sentido de una historia popular crítica y novedosa. Abierta a nuevos nombres. A esas primicias aún no escritas habrá que seguir buscándolas en los rincones activos de la lucidez crítica argentina. Si se quiere, llamaremos seriedad a estos acontecimientos reparadores. Serán trances del lenguaje, nuevas camisetas que haya que transpirar y después, por qué no, las firmaremos con nuestro propio nombre.

* Sociólogo. Director de la Biblioteca Nacional.

miércoles, 8 de julio de 2009

La cama y su simbolismo, "un techo donde dormir"

Estoy haciendo una residencia de Psiquiatría y hago guardias en esta especialidad en un hospital público especializado en enfermedades (¿?), trastornos (¿?) o lo que sea mentales . Me llaman por teléfono para ver si acepto ingresar a un paciente que tiene tal y cual psicopatología, le respondo con la verdad, no hay camas libres. El paciente no puede ingresar porque no tiene donde dormir...

Aunque haya muchos metros cuadrados techados libres, la densidad de pacientes es igual a la de camas...

¿Por qué la cama? ¿Por humanidad que no permite dormir en el suelo? ¿Por gestión racional? Algún arqueólogo genealógista con erudición y paciencia que haga "La historia de la cama en la edad moderna".

(Así como en la arquitectura (lo dijo la BMVT en su explicación del Proyecto Parrichango) la cama se aleja de la calle, en el "hospitalismo", la ausencia de cama te deja en la calle. La cama tiene mucho simbolismo y poder en este imaginario social actual, el "ámbito sagrado" de la intimidad)

sábado, 4 de julio de 2009

Las cosas por su nombre

Desde que entró el virus en Argentina (que hoy circula por más de 120 paises), a principios de Mayo, hasta hoy, se infiere que serían 100.000 personas las que habrian sido infectadas por el virus de la gripe porcina, que es el que cirucula actualmente en mayor proporción. De estas, el 95% ya se curó y está en la sociedad haciendo su vida sin posibilidad de contagiar a nadie.
La gripe "estacional" infecta a 3 millones de personas anualmente y causa aproximadamente 3000 muertes.
No digo que esté todo bien, para nada, el sistema sanitario es una cagada, pero al pan pan y al vino soda.
Los medios tienen mucho poder, desinforman y van a la guita, inciden en resultados electorales y en las conductas y pensamientos cotidianos de la población; yo me pregunto ¿cuándo va a ser el día en que el pueblo repudie masivamente esta supuesta "libertad de expresión"? A los políticos se los puede "echar", se les puede tomar el congreso, ¿y a los grandes medios?